domingo, 31 de octubre de 2010

Deleitando El Vergel

  El hombre de traje y gorra azul, hizo una excepción dejándonos entrar en aquel sinfin de colores, olores, plantas y niños, que se lo estaban pasando en grande. Al principio, no sabíamos donde ir,nos encontrábamos perdidos y fuera de lugar, pero al ver esas coloridas flores, ese césped con un brillo verde resplandeciente que jamás pude observar, pero sobre todo, lo que sentimos, tanto Platero como yo al entrar fue, una bocanada de alegría y despreocupación, por lo que ocurría fuera de allí, era un lugar mágico, donde las preocupaciones del día, de tu situación, no importaban, todo tenía el brillo esencial de la vida, que algunas veces se nos nubla y nos hace perder el rumbo y destino, que teníamos destinado.
 
  No se porqué, pero el guardia, se sentía un poco incómodo al ir a nuestro lado. Al dar el primer paso, miraba a todos los lados, nervioso, con una fría gota de sudor que se precipitaba por su frente, al ver así le pregunté como se encontraba:

-Está usted bien, parece que se encuentra mal, si resultamos un impedimento nos marcharemos sin ningún reproche.-le dije sintiendome preocupado por aquel buen hombre que nos permitió pasar.
-Que vá no paza ná, lo único, que nozé porqué la gente ni ze inmuta, al ver a´un burro- dijo él preocupado.
-Se te ve que llevas poco en el oficio, pero tranquilo al entrar en el jadín, sentí que lo que pasa en este jardín y lo que hacen los que se encuentran en él no le interesa a los demás, no existe el chismorreo y la gula por enterarse de lo ajeno.- le dije para intentar tranquilizarle.
-Ya pero esque zi ze´ntera mi jefe, me hesha y no pueo permitirme el lujho de quedarrme en el paro.- dijo él con cara de preocupación.
-Tranquilo, en el rato que llevamos dentro, nadie se ha vuelto para mirarnos o nos ha hechado una mirada.

En esto que estabamos hablando, y se acercó un hombre con un carrito rojo, al igual que su traje, sus botas y su gorra, y nos preguntó:

-Buenas tardes, ¿quieren un poco de algodón de azúcar?-dijo con una maravillosa amababilidad.
-Zi ,deme un´poco a ver zi me despejho un poquillo.
-Vale pero te invito yo, que te debo una.- dije para que hubiera mejor ambiente.

Tras terminarse, el algodón, nos estuvo dando un paseo por el jardín, explicándonos la variedad, de colores que se mezclaban en aquel lugar tras el paso de las estaciones. Con un ambiente más distendido me estuvo explicando su historia, a medida que me contaba del jardín.
-Fijhaté que allí, hay un árbol que es diferente a los demá. Pué ezo es porque cayó un rayo que destrozó el árbol que había ante y al plantarze luego er mismo tipo de árbol, ze vé que no crecía y entonces decidieron plantá uno compretamente diferente al resto.- Me iba contando ilusionado.
-Entonces tú,¿cúanto tiempo llevas trabajando aquí?
-Mira pué yo entré aquí er pazado ziete de mayo, pero mi pare era er anterió guardía de aquí y por la noches nos contaba todo lo que pazaba en el jardín.
-Ah, entonces tú no sabías como era en realidad como era, pero te hacías una idea de cómo era.
- Afirmativo, y ademá cada día le tengo má cariño a este lugá, por ezo no te´e dejao pazar ante, porque lo tengo como zi fuera mi caza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario