domingo, 27 de marzo de 2011

Atrapado sin salida ( situación Kafkiana)

 Markus Povensky, era un joven ucraniano, procedente de la ciudad de Kharkiv. En ella su familia, desarrollaba un importante papel en la sociedad, eran los propietarios de un laboratorio, en el cual, se producían las únicas dosis para paliar las terribles consecuencias que  recayeron sobre el pueblo durante el desastre nuclear de Chernobyl.

Los padres de Markus tenían una obsesión, llegar a dominar el territorio ucraniano,  no de forma política, sino controlar las mentes, los pensamientos, las actuaciones, los sentimientos de sus ciudadanosº, y lograron. Gracias a ello se rodeaban en la más alta sociedad europea, eran conocidos desde el cabo da Roca hasta la república de Komi. Ambos eran grandes químicos del siglo XX, alcanzaron grandes fortunas debido a la venta de las mono dosis contra la radiación.

Pero esa familia era lo menos un tanto rara, entre ellos no mantenían relación alguna, podían pasarse meses sin verse, el lugar donde vivían era casi tan inmenso como 2 campos olímpicos. Tanto el Sr. Povensky, como la Sra. Povensky ignoraban a su hijo, sus fugaces encuentros, se daban en los fríos y oscuros pasillos de aquel extraño lugar, cada vez que se cruzaban Markus, bajaba la cabeza, no reconocía a aquellas personas como familiares suyos, incluso él se preguntaba muchas veces porqué vivía ahí, si él no tenía relación sanguínea con ninguno de sus habitantes.

Con la única persona con la que Markus tenía relación era con el mayordomo Snoot, un ser de lo mas desagradable, del cual el resto de personas del servicio doméstico siempre intentaban huir. Este era un señor huraño, oscuro y con una mentalidad muy cerrada, pero al estar con Markus, todo cambiaba ambos conseguían mantener un clima agradable durante horas, en los que se utilizaban como psicólogos mutuamente.

Debido a una infancia vacía, sin amor, sin cariño, Markus cayó en el pozo sin fondo de las drogas, cada vez se hacían más frecuentes sus ingresos en su cuenta por parte de sus padres, que creían que utilizaba el dinero para pagarse los estudios en la academia militar, pero tras ser investigado por un detective que sus padres contrataron, Markus fue pillado con las manos en la masa. El karma les había jugado una mala pasada, le pagó con una moneda que no esperaban. Sus padres no sintieron dolor ni pena alguno, quisieron deshacerse del problema de una forma tajante, lo enviaron a la India, en concreto a la región de Bihar, porque pensaban que allí los monjes conseguirían llevarle hacia en buen camino, cosa que ellos nunca intentaron hacer.

 Tras varias horas en el aeropuerto de Kharkiv, Markus estaba sentado en el asiento 17A, estaba tranquilo, pero no tenía muy claro lo del despegue, que sumado a las horas que llevaba limpio, creaba una mezcla explosiva. Una vez hecho el despegue, Markus sintió la necesidad de ir al baño y echarse agua para calmarse y tranquilizarse. Se levantó y avanzó por aquel estrecho pasillo, y antes de entrar al baño se fijó en un niño que estaba moviéndose constantemente y molestando al resto de pasajeros, pero cuando intercambiaron miradas, el niño de repente se tranquilizó y esbozó una sonrisa que Markus devolvió. Al entrar en aquel delimitado espacio, Markus se remangó, presionó el botón del grifo para refrescarse con agua. Se echó agua por la cara y la nuca, y al coger un trozo de papel, se dio cuenta de que no podía agarrar el papel, sus manos se deshicieron ante sus ojos, quedando reducidas a muñones. Al encontrarse en esa situación, intentó moverse para golpear a puerta y pedir ayuda, pero sus piernas no le respondían, estaba paralizado, sin capacidad de moverse. Tomó aire de forma brusca y veloz para poder chillar con todas sus fuerzas, pero el aire que entró a través de su boca le quemó la garganta, dejándole sin opción de pedir ayuda, de repente, cayó estrepitosamente al suelo. Cada vez que Markus intentaba moverse o chillar para pedir ayuda, el habitáculo se reducía más, hasta llegar recopilar toda esa materia en un espacio minúsculo. Debido la fuerte presión a la que estaba sometido, todo lo que hacía apenas cinco minutos era un baño de avión con una persona dentro, quedó reducido a una simple galleta. El niño observó la galleta en la moqueta del avión y tras dudar durante tres segundos, decidió llevársela a la boca y comérsela de dos bocados.

1 comentario:

  1. ¡¡¡¡Me ha encantado!!!! Has pillado totalmente la esencia de lo kafkiano

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